28 jun. 2017

Emily Dickinson/ La asesina rubia pasa/ El sol prosigue impasible










¡No soy Nadie! ¿Quién eres tú?
¿Eres tú -Nadie- también?
¿Somos entonces dos?
¡No lo cuentes!, ¡sabes que lo dirían!
¡Qué triste -ser- Alguien!
¡Qué vulgar -como una rana-
recitar el propio nombre -a lo largo de todo Junio-
a un admirador Pantano!


Trad. de Irene Gruss


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El cielo está bajo, las nubes son oscuras,
Y la nieve, viajera,
Cruza un establo o a través de un camino
Discute si se irá.
Un viento mezquino se queja sin descanso
De cómo alguien lo trató.
La naturaleza, como nosotros, a veces es atrapada
Fuera de su diadema.


Trad. de de Raúl Gustavo Aguirre


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La esperanza es el ser alado
Que se posa en el alma,
Y canta una canción sin palabras,
Y nunca, nunca termina.
Y dulcísima se la oye en el viento;
Y sólo una dura tormenta
Podrá abatir al pajarito
Que a tantos mantuvo en suspenso.
La oí en las tierras más frías,
Y en la mar más extraña;
Pero nunca, ni en la miseria más grande,
Me pidió una migaja.


Trad. de de de Raúl Gustavo Aguirre


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Morí por la Belleza, pero apenas
acomodada en la Tumba,
Uno que murió por la Verdad yacía
En un cuarto contiguo-
Me preguntó en voz baja por qué morí.
-Por la Belleza -repliqué-
-Y yo -por la Verdad- Las dos son una-
Somos Hermanos -dijo-
Y así, como Parientes, reunidos una Noche-
Hablamos de un cuarto a otro-
hasta que el Musgo alcanzó nuestros labios-
y cubrió -nuestros nombres-


versión de Irene Gruss


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Sin asombro, parece,
A cualquier flor feliz,
Jugando, la helada decapita
Con su poder casual.
La asesina rubia pasa,
El sol prosigue impasible,
Trazando un día más
Para un Dios que aprueba.


Trad. de Raúl Gustavo Aguirre

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